Sin Mí, nada pueden Hacer! Conferencia Zonal ZC

Quiero avivar la llama encendida !

Quiero avivar la llama ya encendida” comenzó diciéndonos el Señor, directo y sin rodeos, mostrándonos la pauta de lo que serían 4 días llenos de confrontación, amor y gozo en Su presencia.

“Sin mí, nada pueden hacer” fue una conferencia de jóvenes universitarios, realizada en la comunidad Árbol de Vida, Costa Rica; a la cual asistieron 173 participantes provenientes de la Zona Centro de la Región Iberoamericana.

 

Como jóvenes que nos encontramos en contacto con el mundo a diario, se vuelve fácil el hecho de caer en la rutina y estar más pendientes de los “trending topics” en las redes sociales, que del diario seguimiento de Cristo. Dejamos a un lado la identidad y el llamado que nos ha dado Dios: ser luz en el mundo y mantener el estandarte en pie, para ir a hacer discípulos en todas las naciones.

Sin embargo, esto no lo podemos hacer teniendo un corazón apagado, una fe en cenizas que constantemente se las lleva el viento; no podemos parecer estar vivos, pero por dentro, permanecer muertos; decidir hacer caso omiso a las llamadas de urgencia que experimentamos constantemente a nuestro alrededor, ya que el mundo se está cayendo a pedazos, por miedo o porque pensamos que nunca estamos preparados para asumir está misión.

Está bien experimentar miedo, somos humanos y Dios nos dio la capacidad de sentir y sucumbir ante las emociones. Pero Él también nos dice “no tengas miedo, no tengas miedo de fallar conmigo, estoy esperando que vengas a mí y entregues toda tu vida”.

Y de eso se trató nuestro evento: de soltar y dejarse transformar, de permitir que sea Dios el que tome la autoridad sobre nuestras vidas; de que sea el Espíritu Santo el combustible para mantener viva la llama en nuestro corazón, que una vez más fue encendida, porque estamos seguros de que “nos encontrábamos en Tierra Santa, su gracia y el fuego de su amor estaban con nosotros”.

 

Él, con su amor incondicional, nos liberó de todas las cadenas que no podíamos soltar, de todo aquello que nublaba nuestra vista y no nos permitía ver que no somos nosotros los que vivimos, sino es Cristo quien vive en nosotros porque nos ha entregado la llama de su amor para cuidarla, dar luz, para compartirla y alumbrar las tinieblas de este mundo.

Partimos hacia cada una de nuestras comunidades con la convicción y fe de que el Señor está con nosotros; y con el compromiso de ponernos en marcha, tomar acción en el llamado que Dios nos ha dado: ser discípulos misioneros.

 

 

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