Luis Diego-Me subí a un avión-Parte1

Me subí a un avión- Parte 1 de la Brecha

Un domingo 21 de Enero me subí a un avión que me llevó de Monterrey a Querétaro. Al poner un pie fuera del aeropuerto me esperaba una camioneta blanca, donde iban dos matrimonios y tres niños. La conversación durante el trayecto inmediatamente me habló de la calidad de personas con las que trataría durante mi estancia en la comunidad Luz Eterna. Uno de los niños -que a penas estaba aprendiendo a hablar- recitó el Padre Nuestro de memoria. Este curioso inicio de mi tiempo como Brechista es un buen reflejo de la palabra que engloba toda esta experiencia: maravilla. Hasta ahora han sido 105 días de maravilla tras maravilla. Ha sido una maravilla compartir la vida comunitaria con 17 matrimonios y más de 30 niños. Puedo dar testimonio de que el Señor es fiel a sus promesas. Las semanas antes de empezar la Brecha, mi miedo principal era llegar a un lugar y no tener suficientes cosas qué hacer. Pensaba que para perder tiempo, era mejor quedarme en mi casa. Sin embargo, el Señor ha disipado ese miedo completamente. No ha habido un solo día en el que no tenga algo en qué trabajar; pero, más importante aún, el Señor me ha mostrado que la obra más importante es la que Él está llevando a cabo en lo íntimo de mi corazón.

 

Al paso de tres meses, las experiencias más relevantes no han sido las del trabajo y servicio a la comunidad. Servir al Señor es algo que ya hacía en Jésed y lo voy a seguir haciendo hasta que el Señor me llame a Su presencia. Lo más importante de este tiempo ha sido una confrontación especial y constante con el Señor. No ha habido un solo día en el que el Señor no confronte mi corazón, llamándome más a volverme a Él en todo momento (Oseas 6:1) y llamándome a caminar en su presencia y ser perfecto (Génesis 17:1). Este tiempo ha logrado que yo cobre conciencia de la necesidad de “amar al Señor con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas” (Deuteronomio 6:5), reconociendo ésta como la necesidad más básica y elemental para sustentar toda mi existencia. Hoy dependo del Señor como nunca antes habría imaginado depender de Él.

 

Ha sido una maravilla servir con mi tiempo y mis dones en MCU, MJ, el ministerio de música, el cuidado de niños y hasta un poco en MCM, en una comunidad que apenas lleva tres años existiendo. Ha sido una maravilla el encontrarme con el Señor cada día en la oración personal, y ver cómo abre y cierra puertas en mi vida, dirigiéndome constantemente, conforme a su voluntad. La Brecha es un tiempo de pruebas intensas. Tu carácter, tu capacidad de adaptarte, tu identidad, tu vocación, tu espiritualidad, tus habilidades, tu llamado comunitario y tus convicciones más profundas son probadas al máximo. Es el momento perfecto en el que tomas conciencia de tus flaquezas y fortalezas, y aprendes a vivir con ellas, dependiendo únicamente de la misericordia y providencia del Señor. Estoy convencido de que esta etapa de mi vida está afianzando los cimientos de lo que será el resto de mi camino como discípulo de Cristo.

Esto apenas comienza. A pesar de que va avanzando el tiempo de mi Brecha, estoy seguro de que esto no se va a acabar cuando ponga un pie fuera del aeropuerto de Monterrey en febrero del 2019. Cuando llegue ese momento, lo que haya cimentado y edificado desde hoy, comenzará a dar sus frutos. Espero que el Señor siga refinando a este instrumento inútil, para que algún día pueda dar un fruto que le dé gloria. Estoy infinitamente agradecido con el Señor por permitirme servirle y vivir esta maravillosa experiencia.

 

“A aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a Él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.” (Efesios 3:19-21)

 

Luis Diego Carranza

¡Todo por amor a Cristo!

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