Alex Uitzil- Testimonio de Brecha

La Brecha – ALEX UITZIL

Mi tiempo como misionero voluntario en el programa de la brecha ha sido primeramente un mar

de cambios en mi vida, donde el señor va destruyendo muchas cosas de mi pasado y al mismo

tiempo construyendo una nueva vida enfocada en él.

Cuando inicie este llamado a la brecha el señor había hecho una promesa conmigo y eso es lo que

me ayudaba mucho a seguir adelante. En oración me había dado una lectura donde me decía que

yo sería su profeta de naciones e iría a donde el me dijera que vaya. En mi mente solo estaba

cumplir su voluntad y sabía que la brecha era mi camino.

Al tomar la decisión los primeros cambios se dieron en mi personalidad para ser una persona firme

con decisiones concretas, y defender mi punto de vista, también a mejorar mi relación con mi

familia y cuidar mucho de mi salud. Antes de eso yo era un joven sin rumbo, sin metas y sueños,

que no sabía que iba a ser de mi vida y eso es lo que fue cambiando poco a poco Dios en mí.

Al llegar a la brecha otros retos llegaron, el formar mi carácter como hombre e hijo de Dios,

disciplinado, constante, fuerte pero sobre todo teniendo una vida en oración, conociendo poco a

poco el amor de padre que tiene Dios para mí, fue lo más sobresaliente que aprendí y que el Señor

me permitió experimentar en todo mi año de servicio.

Doy gracias a Dios por su infinita misericordia y por su bondad por experimentarme amado

durante y después dela Brecha. Hoy en día, Dios para mí es como mi papá, quien me cuida, me

protege, me da lo necesario para cada día, me consiente y sobre todo me guía e instruye para

llevar una vida guiada hacia a la santidad desde el camino que él ha trazado para mí.

Actualmente él me sigue transformando, hay muchos momento difíciles y duros pero también hay

días buenos y agradables, pero todo lo que me pasa en el día le doy gracias a él porque todo esto

es la sabiduría que él me regala para poder dar testimonio de su poder y su fuerza en mi vida y en

la vida de cada uno de los que me rodean. Para dar testimonio de que somos sus hijos amados y

que su voluntad está en nuestros corazones.

Termino mi testimonio diciendo que ahora mis metas son ser como él, tener un amor por cada

uno de mis hermanos y ya no ser como aquel hijo prodigo que se fue y volvió, si no como aquel

padre amoroso que espera sin reproches a su hijo amado formado y guiado por el espíritu santo

para ver con gran amor a los demás.

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